«Para todo lo que escribo, un cuento o una novela, empiezo por el paisaje. Es el paisaje el que empuja el argumento».
Annie Poulux, autora de Brokeback Mountain
«Tenía poco más de diez años cuando lo conocí.
»Aún puedo percibir el olor a tierra húmeda y el sonido de mis
zapatos recorriendo el camino hasta su casa, la casa de los Ardwell. Decenas de
viviendas georgianas poblaban ambos lados de la calle. Yo las contaba al ritmo
de mis pisadas, hechizada por el color ahumado de los edificios».
Qué sencillo es escribir estas líneas contemplando la fotografía: las casas de piedra oscurecida, la vegetación verde, el asfalto mojado, la tierra húmeda de los jardines. Más aun cuando las imágenes evocan lo tranquilo de la escena, el silencio, la brisa removiendo las ramas de los árboles, el sonido de mis propios pasos.
«[...]Clavé la mirada en el cielo escocés mientras mamá seguía parloteando y tirando
de mí con fuerza. Unas enormes nubes
negras borboteaban allí arriba y la humedad me había encrespado los rizos.
Escuché refunfuñar a mi hermana unos pasos más adelante. Maldito Edimburgo,
decía, maldito y estúpido clima».
Resulta mucho, mucho más sencillo sintiendo la lluvia fina y la humedad en la propia piel, el cielo borboteante cubriéndolo todo. Más aún cuando estas líneas sientan la base del lugar en el que ocurrirán los hechos de la novela y el lector debe comprender cómo el entorno afecta a los personajes.
«[...]Caminamos durante diez minutos, hasta detenernos junto a una casa algo
más grande que el resto. En total conté tres pisos de piedra ahumada y cuatro
enormes ventanales. El jardín frontal consistía en una pequeña alfombra de
hierba bien recortada y varios arbustos. En cuanto cruzamos el estrecho camino
de piedra que conducía a la puerta mamá llamó al timbre. Melissa se sacudió los zapatos y volvió a
arreglarse el pelo. Poco después un hombre vestido de pingüino nos abrió;
entonces mamá apretó mi mano y me puse muy tiesa».
Y cuando algo parecido se alza ante los ojos del escritor... ¡Ah! Ahí sí que describir se convierte en una tarea fácil.
Tengo que ser sincera: escribí estas líneas mucho antes de tener la suerte de visitar Edimburgo. Utilizar en la historia un lugar en el que nunca se ha estado complica mucho las cosas, pero, ¿debería limitarme a hablar de mi ciudad, de mi barrio? A veces los lugares nos eligen a nosotros y yo ya lo he dicho más de una vez: siempre me ha gustado viajar. Si no puedo coger una avión, encuentro algún libro que me lleve. Y si ningún libro me parece atractivo, lo escribo y voy allí cuando quiero.
Pasé, pues, mucho tiempo en Edimburgo antes de decidirme a coger un avión. El lugar tiene un
significado especial en la historia, por lo que representa para los personajes y por la forma en que sus características influyen en ellos. Por eso cualquier cosa servía: un reportaje, vídeos de youtube, mapas, guías turísticas, google earth, preguntas a conocidos, foros, hasta consultas en varias páginas inmobiliarias.
Mi viaje contribuyó a completar todo lo anterior con lugares nuevos, nombres propios, sonidos, olores y sensaciones.
A pesar de la importancia que confiero a los escenarios mi postura no es tan extrema como la de Annie Poulux. El lugar no siempre lo es todo. En algunas historias basta con unas cuantas indicaciones sobre el escenario para orientar al lector. De todas formas pienso que quien escribe debe conocer todos los detalles y más adelante decidir si utilizarlos o no. No comportarse como un guía turístico en las descripciones, eso sí, pero facilitar aquellos datos que se requieran para la comprensión de la historia. Evidentemente para eso el autor necesita investigar. Se trata del conocido fenómeno del iceberg: solo un porcentaje insignificante de lo que sabemos acaba asomando a la superficie aunque sin la parte que se esconde bajo el agua nada se sostendría.
¿Por qué Edimburgo? No lo sé con seguridad. Se trata de un lugar que siempre ha llamado mi atención y ya sabéis lo que hago con los lugares que me atraen: visitarlos o escribir sobre ellos. Esta ciudad se me ha resistido particularmente, por una razón u otra no surgía la oportunidad de visitarla, así que de alguna manera tuve que compensarlo mediante la escritura. El año pasado finamente tuve mi momento de
pies de lápiz.
¿En qué os basáis vosotros para elegir los lugares en que transcurren vuestras historias? ¿Cómo obtenéis la información? ¿Le dais mucha importancia al escenario? ¿Os pasa lo que a Annie Poulux?
Y, que no se me olvide, ¿habéis visitado Edimburgo?