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sábado, 31 de agosto de 2013

Ambientar la escritura

Esto es lo que tengo que hacer para transportarme a un Edimburgo lluvioso y frío en pleno mes de agosto:

rainymood.com
Porque ambientar la escritura es importante, sí señor. Rainy Mood es una página que convierte la pantalla del ordenador en una ventana cargada de gotitas de lluvia, y además recrea el sonido de una tormenta. Os la recomiendo si andais un poco faltos de concentración o simplemente si os apetece recrear un escenario más oscuro.

He escrito muchísimas escenas de El constructor de muros con esta ambientación de fondo. Hoy es un día un poco especial, y es que se cumple un año desde mi primera visita a la ciudad, así que me apetecía rescatar fotografías y "regresar" allí de algún modo.

Victoria Street desde el Grassmarket

En cuanto a la escritura, todo sigue yendo bien. No sé qué haré después de terminar, pero me he propuesto finalizar el borrador en el plazo de una semana.

¡Vuelvo a ello!

viernes, 16 de agosto de 2013

Luz al final del túnel

Siento que el final está cada vez más cerca.

Después de tomar medidas para solucionar el efecto del salto temporal todo ha comenzado a tomar perspectiva. Años de modificaciones, creación de personajes, giros y vueltas de tuerca con la trama... Y siempre hubo una historia, una de entre tantas, que permaneció apenas sin cambiar. La dicotomía presente-futuro que había planteado en la novela ha desaparecido y el salto temporal ya no será motivo para que el lector quede descolgado. Lo que toca es trabajar la historia inicial y en lugar de usar liosos flashbacks centrarme en lo que verdaderamente quiero contar. No necesito presente porque en realidad todo ocurrió en pasado. Sí me interesa conservar una pizca de dicotomía, pero lo trabajaré a través del narrador. MENOS ES MÁS. He aprendido que por ahora no me siento cómoda con grandes cambios de narradores y saltos temporales, así que basta de experimentos. Lo aprendido al respecto tendré que aplicarlo a otros relatos y novelas. Aquí me limitaré a mi punto fuerte: el narrador en primera persona.


Siempre duele usar las tijeras, y más cuando el rebaño de ovejas queda considerablemente reducido. Son otras cosas las que se pierden: escenas especiales, personajes, horas de escritura y reflexión... Pero la sensación con estos recortes es la de estar regresando al camino correcto.

¡ÁNIMO! Ya se ven unas gotitas de claridad.

miércoles, 14 de agosto de 2013

41.105 ovejas

Vale, no se trata de ovejas, en realidad. Se trata de palabras... Del número exacto que a día de hoy contiene el manuscrito.

Una cifra que marea, sobre todo de cara a emprender cualquier clase de corrección. Unas pocas... Sí, es sencillo. Pero cuando se trata de una novela de esta dimensión el corrector se encuentra en una suerte de prado lleno de ovejas descarriadas... A todas hay que domarlas y situarlas dentro de la verja. ¡Y son 41.105!

Es difícil, pero resulta excitante porque la novela casi respira. Trasquilones y balidos a parte la tarea me está divirtiendo mucho.

Veremos cuántas quedan al final.

sábado, 3 de agosto de 2013

Salto temporal: cuando se rompe el arnés

«Y entonces descubres que ese es el problema: han pasado demasiados años. Demasiados, incluso para alguien con la capacidad de resumir en apenas un párrafo las vivencias de toda una vida.»

Ayer me preguntaba una amiga si la novela ya está lista para una primera lectura. Yo le contesté que, a pesar de haber avanzado mucho, había una cuestión que seguía sin cerrarme, pero que no lograba determinar cuál. Así las cosas quedaba aplazada la lectura.

Después, al llegar a casa, volví a revisar el manuscrito. Leí, de nuevo, con la sensación de que se me estaba escapando algo. Algo importante, algo defintivo. Algo extremadamente sencillo pero capaz de cambiarlo todo.

No ha sido hasta esta mañana que por fin he comprendido dónde estaba el error.



Es sencillo explicar qué ocurre, y para ello nos alejaremos unos instantes de El constructor de muros.


Cuando un escritor pretende enlazar dos sucesos, dos estados, o a la misma persona en dos etapas de su vida recurre a una suerte de goma elástica literaria. Una goma capaz de desafiar a las leyes del espacio-tiempo, comprimiendo una cierta cantidad de años, meses o semanas. Basta seguir su trayectoria para entender qué sucede en la historia y por qué han de conectarse esos momentos.

Pero a veces las distancias son demasiado amplias y la cuerda se rompe. Cuando un lector se desliza confiado a lo largo de ella acaba precipitándose al vacío. Maldito salto temporal. El golpe lo devuelve de súbito a la realidad y lo desengancha por completo de la historia.


 Ha llegado el momento de dar un brusco viraje a las agujas reloj. 






domingo, 28 de julio de 2013

Retales

No sé si esta es una manía compartida por otros colegas escritores, pero a mí me gusta, mientras escribo, elaborar un documento auxiliar al que denomino «retales».

 Suele suceder que al dar forma a un texto de cierta envergadura los cambios son frecuentes y existen pedacitos que, aunque no encajen en el escrito actual, podrían resultar de utilidad más adelante o incluso formar una entidad totalmente independiente.

Podría calificarse de una suerte de Síndrome de Diógenes literario, y es que son miles las palabras que acaban acumulándose en estos documentos. Muchos de ellos son testimonio de los avances y mejoras de mi prosa.

Con las más recientes reestructuraciones quedó fuera de El constructor de muros un personaje muy especial para mí. Siempre supe que querría trabajar más con él, y ha sido gracias al documento retales que he encontrado material más que suficiente para dar forma a una historia propia. Ahora trabajo en ella de forma paralela y, si las cosas salen como espero, podría convertirse en una secuela de mi primera novela.

Por ahora no quiero preocuparme por la clase de texto que resulte, ni siquiera de la extensión. Procuro escribir y corregir dando sentido a una trama muy sencillita, sin grandes misterios, policías o rompecabezas. Nada más un matrimonio que atraviesa por una cierta crisis, que obliga a sus  miembros a hacer memoria de otros tiempos difíciles y echarle muchas ganas a la situación.

Lo considero casi un pasatiempo, después si sale algo legible puede que lo muestre al mundo :)

Os animo, pues, a conservar esos retales... Uno nunca sabe para qué remiendo le podrían servir.

¡Abrazos!

martes, 9 de julio de 2013

Viajes y muros

A estas alturas me encuentro a bordo de un tren con destino a París.  La entrada ha quedado programada, así que quizá para cuando leais ya haya dejado bien atrás Francia y estemos rumbo al objetivo principal de este viaje: Berlín.


Cuando digo que a menudo mis viajes tienen mucho que ver en la literatura me refiero a esta clase de situaciones. Berlín y su muro son un buen ejemplo de ello.

Recuerdo perfectamente cuando paseamos junto a la East Side Gallery, uno de los tramos de muro más largos que se conservan. Está lleno de pintadas, algunas de ellas muy famosas. Da para caminar al menos un kilómetro y si es la primera vez que se visita el muro de Berlín uno queda impresionado por el aspecto fino que presenta. Sin embargo, una barrera en apariencia frágil se convirtió en infranqueable hasta 1989. A menudo pienso en que meses más tarde se produjo mi llegada al mundo, y que no muy lejos quedaban los años de separación y de absurdo.


Y es que a veces los muros ocultan temores colectivos, mayores y peligrosos, aunque tarde o temprano acaban derrumbándose.


No recopilaré información para escenarios en esta ocasión, porque El Constructor de muros apenas hace una referencia sencilla a Berlín, un mero capricho ligado a su historia y a la relación principal con el mensaje del libro. Igualmente quería compartir con vosotros el viaje y la reflexión.


Traeré algunas fotografías a la vuelta. Allí me encontraré también con alguien muy especial que me ayudará con otro pequeño proyecto del que tal vez os hable algún día. Llevo el borrador muy avanzado en el Kindle para poder leer y corregir. Las primeras impresiones son buenas.



martes, 2 de julio de 2013

Progresos

Escribo muy contenta, a buen ritmo, a pesar de la tormenta que hay montada a mi alrededor. Si algo he aprendido estos meses (años) es a separar las cosas en compartimentos y disfrutar minuto a minuto de lo que hago. Si lo que toca es trabajar, a trabajar. Si lo que toca es salir y tomar algo, no se me ocurre pensar en otra cosa. ¿Qué hay que estudiar? A ello.

Pues al escribir lo mismo.

Los progesos son altos: 12.000 palabras de la parte presente en las últimas tres semanas. Esta vez estoy segura de que voy por buen camino, porque la  planificación ha sido muy rigurosa y me he ocupado con resultados satisfactorios de las incoherencias detectadas en correcciones anteriores.

Esta semana haré una nueva pausa para reflexionar y para atender otros asuntos del mundo no literario que necesitan mi atención. Eso servirá para asentar todo lo escrito, imprimir y decidir cómo continuar.

La semana siguiente me espera un viaje muy especial, por estar de algún modo relacionado con la novela. ¡Y no es Edimburgo! ;)

En la siguiente entrada, un adelanto. En los días que siguen seguramente postee algún fragmento de los que he escrito.

¡A seguir bien!

miércoles, 5 de junio de 2013

El placer de volver a escribir

Indescriptible. Maravilloso. Imposible expresarlo con palabras... Todas las gasto en la tarea. 
¡Bien por el regreso!


lunes, 3 de junio de 2013

Larga maduración

Varias veces he dejado la novela en reposo, sin releerla ni escribir, y al retomarla me ha dado por cambiar tal o cual cosa, sin que el reencuentro fuera demasiado brusco.

Esta vez aparcarla no ha sido voluntario, y por eso me he descubierto reflexionando sobre ella día a día. El efecto ha sido totalmente distinto: de forma casi incosnciente, he ido elaborando una lista mental con incoherencias que no había detectado hasta la fecha. También ideas que dan una mejor solución, conversaciones o escenas.

Mañana tengo el último examen del semestre y será el día en que ponga todas esas ideas por escrito, para retomar la corrección. Sé que esta vez la reescritura no se prolongará demasiado en el tiempo: he empleado demasiado en la reflexión, y ahora estoy lista.

Era el impulso que necesitaba para terminar.

sábado, 23 de marzo de 2013

Duermevela

http://www.radioimagina.cl/wp-content/blogs.dir/103/files/2012/05/Dormir-bien.jpg
Soñar es más sencillo con los ojos cerrados. Los sábados por la mañana suelo dejar que se me peguen las sábanas mientras permanezco en un duermevela tranquilo, donde las ideas van y vienen. Así he dado forma a muchos de los elementos de El constructor de muros, con la cabeza sobre la almohada.

Después de unas semanas de corrección intensa y varios intentos de re-escritura tuve que tomarme unos días para pensar. Menos lápiz y más almohada, vamos. Una vez ordenada la estructura, y con todos los cabos bien atados, tocó tomar decisiones importantes sobre varios personajes y la elección del narrador para algunos fragmentos.

Un bloqueo lo tiene cualquiera, pero la clave para superar este ha sido la paciencia y la planificación concienzuda. Ahora sí, hoy toca lanzarse a la escritura propiamente dicha, sin preocuparse de correcciones o de concretar ideas. Solo soñar, como si se tratara de una siesta agradable, de un duermevela.

La semana que viene volveré a viajar a Escocia, por lo que la inspiración estará asegurada... ¡A escribir!

miércoles, 13 de marzo de 2013

Papas, fumatas, y cosas que se aprenden en el camino

Compaginar la escritura con otras tareas (el Padre Nuestro de cada día para la mayoría de escritores, valga la oración hoy que tenemos nuevo Papa) está resultando muy complicado. En primer lugar, porque cualquier intento de enlazar más de dos líneas acaba enredándose con un trabajo de ética que a su vez me lleva a pensar en los que tendremos que entregar de desarrollo sostenible o en tal o cual essay de sabe Dios qué asignatura. ¿Habemus libro? Parece que la fumata blanca literaria va a tener que esperar.

Por otro lado, es previsible que para cuando el humo blanco llene este blog (mi particular plaza de San Pedro) me haya vuelto una planificadora minuciosa hasta el cansacio y deba retractarme de todo artículo, post u comentario en el que me declarase fan de la improvisación. Las cosquillas de las musas... ¡Al diablo con ellas! La falta de planificación me está complicando sumamente el proceso de reescritura.

La novela se ubica en dos momentos temporales distintos; uno de ellos, el «pasado», está ya cerrado y solo pendiente de revisión, mientras que el otro ha sido objeto de cambios constantes porque hasta hace poco no me había decidido a sentarme y reflexionar sobre TODOS y cada uno de sus detalles. Manejar las incoherencias, reflexionar sobre el crecimiento de los personajes... Planificar, planificar y planificar, en definitiva.

Quiero humo blanco, leñe, pero para que la novela salga vaporosa y radiante va a ser necesario mucho esfuerzo, tiempo y paciencia. A ver si tanto trabajo deja de espantarme el humo y dispersarlo en el aire.

Entre tanto, nos vemos por el camino.

jueves, 21 de febrero de 2013

Temas complicados I

Hay temas que para mí han sido complicados de escribir. No se trata de miedo al qué dirán, sino de cuestiones cuyo tratamiento debe hacerse de forma cuidadosa por los colectivos a los que afectan o por los sentimientos que se tocan.

Hoy me centraré en la parte emocional.

A menudo es el miedo lo que frena la escritura. Miedo a saber. Miedo a descubrir el sufrimiento, en mi u otras personas cercanas. Miedo a abrir un capítulo, que las reflexiones traspasen las páginas y terminemos dándole vueltas a un asunto «desagradable» incluso después de dejar a parte el manuscrito.

La muerte y las enfermedades son este tipo de temas. Algunas las he descubierto en personas de mi entorno, otras a través de la curiosidad y la escritura. Las historias han sido un medio como otro cualquiera para reflexionar al respecto; muchas veces he terminado preguntándome cuál sería mi comportamiento en tal o cual situación. El cáncer, en particular el de mama, ha sido un fantasma cercano en mi entorno, pero no nos remitamos solo a él. Siempre ha llamado mi atención cómo cualquier enfermedad cambia la vida de un afectado y todas las personas de su entorno, las reacciones que arranca incluso cuando no conocemos a quienes la sufren. A veces, por mi carácter, me han acusado de insensible, pero veo y siento, aunque no sea particularmente amiga de la vulnerabilidad que nos producen ciertas emociones. He llorado en el funeral de alguien desconocido. He visto la frustración y tristeza de quienes han perdido un ser querido, o de quienes temen perderlo. He visto la esperanza, el miedo, el dolor. Otras veces, cuando la lanza ha apuntado en mi dirección, no he visto nada o no he querido verlo, pero de todo he aprendido.

Varias veces os he hablado de muros. Creo que uno de esos muros es el rechazo a la debilidad y el sufrimiento, y todos lo padecemos en mayor o menor medida. A través de uno de los personajes de El constructor de muros exploro este temor en particular.

Y ni siquiera en la ficción es fácil.

Como os digo, hay vida más allá de las páginas. Lecciones que extraer, vidas que vivir, personas reales que hoy enferman, luchan, se recuperan o mueren. Pensar en estos temas nos recuerda que no estamos aquí para siempre, por jóvenes que seamos. Con esto no quiero enviar un mensaje pesimista, sino un mensaje de aceptación. La muerte y la enfermedad son parte de la vida y debemos convivir con ellas, tratarlas como molinos y no como muros para «contener» el sufrimiento.

Intento mostrar las dos caras de la moneda en El constructor de muros, porque a fin de cuentas somos humanos y por mucho que el instinto nos indique que debemos ser optimistas perder el control es más fácil de lo que parece. También quiero reflejar que el apoyo puede llegar de la persona más insospechada, que la fortaleza no es solo cosa de «fuertes».

Ánimo a los constructores, no importa de qué. El viento acabará pasando.


miércoles, 6 de febrero de 2013

Escenarios: Edimburgo


«Para todo lo que escribo, un cuento o una novela, empiezo por el paisaje. Es el paisaje el que empuja el argumento».

Annie Poulux, autora de Brokeback Mountain


     «Tenía poco más de diez años cuando lo conocí.   
     »Aún puedo percibir el olor a tierra húmeda y el sonido de mis zapatos recorriendo el camino hasta su casa, la casa de los Ardwell. Decenas de viviendas georgianas poblaban ambos lados de la calle. Yo las contaba al ritmo de mis pisadas, hechizada por el color ahumado de los edificios».


Qué sencillo es escribir estas líneas contemplando la fotografía: las casas de piedra oscurecida, la vegetación verde, el asfalto mojado, la tierra húmeda de los jardines. Más aun cuando las imágenes evocan lo tranquilo de la escena, el silencio, la brisa removiendo las ramas de los árboles, el sonido de mis propios pasos. 

«[...]Clavé la mirada en el cielo escocés mientras mamá seguía parloteando y tirando de mí  con fuerza. Unas enormes nubes negras borboteaban allí arriba y la humedad me había encrespado los rizos. Escuché refunfuñar a mi hermana unos pasos más adelante. Maldito Edimburgo, decía, maldito y estúpido clima».


Resulta mucho, mucho más sencillo sintiendo la lluvia fina y la humedad en la propia piel, el cielo borboteante cubriéndolo todo. Más aún cuando estas líneas sientan la base del lugar en el que ocurrirán los hechos de la novela y el lector debe comprender cómo el entorno afecta a los personajes. 

«[...]Caminamos durante diez minutos, hasta detenernos junto a una casa algo más grande que el resto. En total conté tres pisos de piedra ahumada y cuatro enormes ventanales. El jardín frontal consistía en una pequeña alfombra de hierba bien recortada y varios arbustos. En cuanto cruzamos el estrecho camino de piedra que conducía a la puerta mamá llamó al timbre.  Melissa se sacudió los zapatos y volvió a arreglarse el pelo. Poco después un hombre vestido de pingüino nos abrió; entonces mamá apretó mi mano y me puse muy tiesa».


Y cuando algo parecido se alza ante los ojos del escritor... ¡Ah! Ahí sí que describir se convierte en una tarea fácil.



Tengo que ser sincera: escribí estas líneas mucho antes de tener la suerte de visitar Edimburgo. Utilizar en la historia un lugar en el que nunca se ha estado complica mucho las cosas, pero, ¿debería limitarme a hablar de mi ciudad, de mi barrio? A veces los lugares nos eligen a nosotros y yo ya lo he dicho más de una vez: siempre me ha gustado viajar. Si no puedo coger una avión, encuentro algún libro que me lleve. Y si ningún libro me parece atractivo, lo escribo y voy allí cuando quiero. 

Pasé, pues, mucho tiempo en Edimburgo antes de decidirme a coger un avión. El lugar tiene un significado especial en la historia, por lo que representa para los personajes y por la forma en que sus características influyen en ellos. Por eso cualquier cosa servía: un reportaje, vídeos de youtube, mapas, guías turísticas, google earth, preguntas a conocidos, foros, hasta consultas en varias páginas inmobiliarias. Mi viaje contribuyó a completar todo lo anterior con lugares nuevos, nombres propios, sonidos, olores y sensaciones. 

A pesar de la importancia que confiero a los escenarios mi postura no es tan extrema como la de Annie Poulux. El lugar no siempre lo es todo. En algunas historias basta con unas cuantas indicaciones sobre el escenario para orientar al lector. De todas formas pienso que quien escribe debe conocer todos los detalles y más adelante decidir si utilizarlos o no. No comportarse como un guía turístico en las descripciones, eso sí, pero facilitar aquellos datos que se requieran para la comprensión de la historia. Evidentemente para eso el autor necesita investigar. Se trata del conocido fenómeno del iceberg: solo un porcentaje insignificante de lo que sabemos acaba asomando a la superficie aunque sin la parte que se esconde bajo el agua nada se sostendría. 

¿Por qué Edimburgo? No lo sé con seguridad. Se trata de un lugar que siempre ha llamado mi atención y ya sabéis lo que hago con los lugares que me atraen: visitarlos o escribir sobre ellos. Esta ciudad se me ha resistido particularmente, por una razón u otra no surgía la oportunidad de visitarla, así que de alguna manera tuve que compensarlo mediante la escritura. El año pasado finamente tuve mi momento de pies de lápiz.

¿En qué os basáis vosotros para elegir los lugares en que transcurren vuestras historias? ¿Cómo obtenéis la información? ¿Le dais mucha importancia al escenario? ¿Os pasa lo que a Annie Poulux?

Y, que no se me olvide, ¿habéis visitado Edimburgo?

viernes, 1 de febrero de 2013

Escenas, eslabones y una vida prestada de escritor

Poder dedicarse a escribir  a tiempo completo es un lujo y un placer. Ya me quedan solo dos semanas para que termine esta vida prestada que me ha regalado el lapso entre universidad y universidad, pero puedo decir que he aprovechado el tiempo. A día de hoy tengo entre manos un manuscrito de unas 40.000 palabras, que probablemente se quede en 50.000. Esas 10.000 palabras son las que me separan del primer borrador del manuscrito, el primero con el que estoy (estaré, espero) aceptablemente satisfecha.

Sí, escribir de seguido es una bendición. Se gana en agilidad y se consigue una visión más completa de la novela. Detalles y conjunto, la combinación ideal.

De todos los métodos de trabajo con los que he experimentado el que más útil me ha sido (sobre todo para desarrollar la trama) es el de pasar el hilo argumental a escenas. No soy una gran fan de la planificación minuciosa, me siento como atada de manos y eso resta frescura a lo que escribo. Por eso definir una serie de escenas que mantengan la estructura y después entretenerme a placer en ellas cumple el necesario requisito de planificación pero me deja espacio para la creatividad.

Como os decía, escribir todos o casi todos los días me ha permitido centrarme en esas escenas, pero también tener presente el hilo que lo une todo. Poner las escenas a disposición de ese conjunto mejora sustancialmente la coherencia y la cohesión de la novela... Se trata de pensar en la cadena, no en cada uno de los eslabones.

Lo malo de esta situación es que es temporal, así que... ¡A escribir se ha dicho!

jueves, 24 de enero de 2013

Despertar

Os traigo uno de los primeros muros derribados, esto es, fragmentos que por una razón u otra no han tenido cabida en esta novela pero que me gustaría compartir, para que no queden en el olvido. Podéis considerarlo una toma falsa o la escena eliminada de una película. El caso es que no quiero que estos párrafos caigan en el olvido. ¿Quién sabe? Si estos muros no pueden volver a ponerse en pie, tal vez puedan constituir los cimientos de algo nuevo y distinto. O, incluso, puede que vuelvan a la vida...


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Negro fue lo primero que vi al abrir los ojos, como si se prolongase la oscuridad del sueño. Deslicé los dedos a lo largo de su cuello admirándome del contraste de nuestras pieles, noche y día, fijándome en cómo se elevaba y hundía su torso. De vez en cuando él dejaba escapar una respiración más profunda que aprisionaba mi cuerpo contra el viejo colchón y me recordaba que seguía viva. Poco a poco me estiré hasta liberarme de su abrazo.

Seis años llevaba despertando de aquella manera. El sol siempre esperaba coqueto a que vaciara una o dos tazas de café cigarrillo en mano, sentada en la escalera de piedra de la entrada. Desde allí podía escuchar a las gallinas removerse en el pequeño corral, dos metros más allá, y si hacía un gran esfuerzo, también las andanzas de algún gato en el jardín.

Aquella mañana era especialmente pronto. La luna tenía un aspecto inflado y amarillento reflejada en el contenido de mi taza. Tan solo se oía el zumbido de una brisa fresca que me hizo arrebujarme en la camisa de George. Di una calada al cigarrillo. Tenía todo el tiempo del mundo, o así lo sentí. Nadie sabía que estaba despierta. Nadie me estaba esperando. No tenía nada que hacer… salvo pensar.

Papá solía afirmar que nadie recuerda el momento en que aparece la Persona que lo Cambiará Todo, del mismo modo que pasa por alto el encuentro con un desconocido. Decía que un apretón de manos no bastaba para leer el futuro.

No visitaba a mi padre desde que mamá se fue con él para hacerle compañía, pero cada mañana, sorbo tras sorbo de café, mi organismo asimilaba la razón que había en sus palabras, a la vez que maldecía mi insensatez por hacerlas convertidas en ceniza años atrás. Qué distinto había sido todo con George… y qué distinto sería a partir de aquel día.

sábado, 19 de enero de 2013

Elipsis, Emma y otros agujeros negros

Prometí experimentar, y en ello sigo. Por el momento, he organizado la información de los primeros capítulos entorno a una suerte de figura elíptica. Refresquemos la memoria: esta técnica implica la omisión de un elemento de la trama o personaje en la narrativa. Probablemente la forma que he empleado no se trate de una elipsis en sentido estricto, pero desde luego hay omisiones importantes. Si alguien conoce el nombre apropiado para la figura, que no dude en corregirme.

Para este experimento he elegido a Emma, uno de los personajes de El constructor de muros. Durante los primeros capítulos, los diferentes personajes la mencionan desde sus puntos de vista, pero en sus bocas Emma es apenas un nombre, pues se resiste a aparecer como personaje activo, que hace y dice. No por demasiado tiempo, pero lo suficiente para lograr varios efectos:

  • Algunas preguntas debería aparecer en la mente del lector: ¿Quién es Emma? ¿Por qué es importante para la historia?
  • Esta técnica es una excusa para introducir elementos de interés que se relacionan con el personaje omitido. Algo así como describir un agujero y sus alrededores... Es necesario entender todo lo que lo rodea, todo lo que lo convierte en un espacio vacío, para dar sentido a la nada. 
  • Poco a poco conseguimos que la forma de ese agujero sea más y más concreta: más y más Emma, menos y menos negra.

Luego Emma se materializa y, ¡zas! Queda un paisaje completo, sin mutilar, donde todo cobra sentido. O debería cobrarlo.  




La razón principal por la que he optado por esta estructura en los capítulos iniciales es su simpleza. Omitir a Emma implica establecer un eje, un "agujero" entorno al que todo gira. Eso facilita la comprensión de lo que va aconteciendo y establece una referencia común a los diferentes personajes y situaciones.

Después de trabajar en la estructura de esos primeros capítulos durante esta semana, he notado una mejoría significativa en la comprensión. Me ha resultado enormemente fácil escribir y establecer referencias. Todo era más sencillo, porque todo lo dicho tenía una razón de ser: Emma, ese oportuno agujero negro.

Esto viene a corroborar todo lo dicho en la entrada anterior: viva la sencillez, la clave no es el qué, sino el cómo. Creo que este recurso es una buena forma de organizar la información y de generar intriga, sobre todo al principio de una novela. Por el momento no es definitivo que vaya a decantarme por esta estructura, pero todo apunta a que los resultados son los más satisfactorios que he obtenido hasta ahora.

Termino por hoy, eso sí, invitándoos a que consultéis a un verdadero maestro de los agujeros, también en el ámbito de la ficción. Se trata de Kurt Wenner, autor de la curiosa pintura que adorna el suelo de la imagen de arriba. Si queréis saber más sobre él, haced clic en su nombre o en la fotografía.

sábado, 12 de enero de 2013

Simple

Tanto tiempo buscando fórmulas mágicas, tramas completas, sorprendentes y precisas como engranajes... y luego resulta que acaba triunfando lo sencillo.

He decidido replantear algunas cuestiones de la trama... Esta semana he leído dos novelas en las que todo giraba entorno a un único hecho fundamental, al que se terminaba regresando por compleja que fuera la trama. Novelas muy distintas, más y menos vendidas, pero en cualquier caso de calidad. ¿Y por qué no intentarlo? Siempre supe que El constructor de muros sería más un experimento que una novela, que una vez la termine (si es que lo hago) pocas ocasiones quedarán ya de aprender con ella. Total, no cuesta nada adaptar un par de detalles... en esencia es lo mismo, se trata de cómo se presenta la información. Sí, siempre es eso: el cómo contar está siempre por encima de la idea. Primero pensamos en la historia, luego debemos decidir cómo contarla. Simple, ¿verdad?

Veremos cómo funciona el experimento...

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Pies de lápiz


Cuando los pies tocan lo que hasta entonces sólo había alcanzado el lápiz un cosquilleo extraño se extiende desde la garganta hasta el estómago. Es difícil de explicar, sí, pero ese es el trabajo de un escritor, explicar... y hacer entender.
 
Acierto. Placer. Eso es lo que he sentido al pisar la tierra sobre la que tanto he escrito, el país del que siempre estuve segura de que me enamoraría. Wikipedia, fotos peor y mejor enfocadas, descripciones sencillas… mi imaginación se ha ajustado a los parámetros de una realidad no muy distinta, una realidad que me ha puesto la piel de gallina, que ha conseguido emocionarme… ¡Sí, aquí es! ¡Este es el lugar donde ellos deben estar, donde esta historia debe suceder!

martes, 28 de agosto de 2012

¿De qué va eso de "El constructor de muros"?

Toda novela, cuento o poema tiene una semilla: puede ser un pensamiento, una persona, una emoción, un hecho...

En este caso, lo que me motivó a empezar la novela y a titularla de esta manera (El constructor de muros, para los que os acabéis de incorporar) es una frase. Una frase que dice lo siguiente:


“Cuando soplan vientos de cambio, algunos levantan muros y otros construyen molinos"
Anónimo



¿Por qué ante las dificultades muchas veces elegimos escondernos? ¿Por qué es tan difícil compartir los sentimientos, incluso con las personas que más amamos? A menudo sabemos que deberíamos ser prácticos y adaptarnos a las circunstancias, y sin embargo preferimos levantar un muro que nos aisle del resto, un lugar seguro en el que ocultarnos hasta que pase la tempestad.

Esto es lo que les ocurre a algunos de mis personajes, y lo que me ha dado material para escribir y reflexionar durante unos cuantos años.

Así que, a grandes rasgos, de eso va "El constructor...": de muros, y de personas que los construyen y luego no saben cómo derrumbarlos.

lunes, 27 de agosto de 2012

Presentación


Es curioso ver cómo otros escritores buscan fórmulas para resolver los problemas que van surgiendo durante la construcción de una novela. En las últimas semanas me he topado por casualidad con novelaenconstrucción.com, el diario que lleva Pérez Reverte y que combina reflexiones sobre la escritura con fragmentos de su nueva  novela, que si no me equivoco se publicará este año.

Su trabajo me ha inspirado. Es un privilegio conocer sus hábitos y técnicas, ver cómo actúa un autor con experiencia, cómo investiga, qué cosas tiene en cuenta. De ahí nace este proyecto, para tomar fuerzas y terminar mi propia novela. Son ya tantos los años que llevo con ella, en un momento vital lleno de cambios, que la pobre ha mutado tanto como lo he hecho yo. Alcanzada una cierta meseta de madurez presiento que es ahora o nunca, que los personajes, situaciones e historias que concebí en mi adolescencia necesitan ser llevados el papel antes de que otros pensamientos los aparten y se queden en el aire.

Sin embargo con el paso del tiempo me he vuelto más rigurosa, y lo que un día di por muy bueno ahora es objeto de críticas y correcciones constantes. Es por eso que pienso que me vendría bien compartir el proceso y volverlo un poco más organizado. Ni mucho menos imitar a Pérez Reverte, solo sacar a relucir las dudas, poner a prueba algunos fragmentos, ver cómo me sienta que otros lean pedacitos de la historia que tanto tiempo me ha estado acompañando y que hasta ahora no había compartido. Saber que, tal vez, otros esperan ver en mis inquietudes un reflejo de las suyas, y buscarles solución. Probar algo distinto, un proyecto que me ilusione y me ayude a poner un buen final a mi novela.
El constructor de muros,  así se llama por el momento.