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miércoles, 22 de febrero de 2017

Primera reseña

José Ángel, del blog literario Viviendo entre palabras, ha dedicado una reseña preciosa a El constructor de muros. Para él, «Esta es una historia con una trama bastante simple pero que esconde un trasfondo muy fuerte y complicado». Entre sus comentarios, me gustaría destacar los que se refieren a Valery, su protagonista:

«Valery es ternura, sencillez, madurez... Valery es valentía».

Un pedacito de la reseña

En definitiva, José Ángel dice de la novela: «Esta es una historia de fortaleza, de personas valientes que aunque alguien nos construya un muro, somos capaces de coger un mazo y destruirlo y seguir viendo el camino. Es una historia de la que podemos incluso aprender nosotros mismos, donde también nos podemos sentir reflejados si pasamos algunos de los momentos en los que se encuentra Valery».

Podéis leer la reseña completa en el blog Viviendo Palabras.
¡Esperamos que también os guste El constructor de muros!

viernes, 16 de agosto de 2013

Luz al final del túnel

Siento que el final está cada vez más cerca.

Después de tomar medidas para solucionar el efecto del salto temporal todo ha comenzado a tomar perspectiva. Años de modificaciones, creación de personajes, giros y vueltas de tuerca con la trama... Y siempre hubo una historia, una de entre tantas, que permaneció apenas sin cambiar. La dicotomía presente-futuro que había planteado en la novela ha desaparecido y el salto temporal ya no será motivo para que el lector quede descolgado. Lo que toca es trabajar la historia inicial y en lugar de usar liosos flashbacks centrarme en lo que verdaderamente quiero contar. No necesito presente porque en realidad todo ocurrió en pasado. Sí me interesa conservar una pizca de dicotomía, pero lo trabajaré a través del narrador. MENOS ES MÁS. He aprendido que por ahora no me siento cómoda con grandes cambios de narradores y saltos temporales, así que basta de experimentos. Lo aprendido al respecto tendré que aplicarlo a otros relatos y novelas. Aquí me limitaré a mi punto fuerte: el narrador en primera persona.


Siempre duele usar las tijeras, y más cuando el rebaño de ovejas queda considerablemente reducido. Son otras cosas las que se pierden: escenas especiales, personajes, horas de escritura y reflexión... Pero la sensación con estos recortes es la de estar regresando al camino correcto.

¡ÁNIMO! Ya se ven unas gotitas de claridad.

martes, 2 de julio de 2013

Progresos

Escribo muy contenta, a buen ritmo, a pesar de la tormenta que hay montada a mi alrededor. Si algo he aprendido estos meses (años) es a separar las cosas en compartimentos y disfrutar minuto a minuto de lo que hago. Si lo que toca es trabajar, a trabajar. Si lo que toca es salir y tomar algo, no se me ocurre pensar en otra cosa. ¿Qué hay que estudiar? A ello.

Pues al escribir lo mismo.

Los progesos son altos: 12.000 palabras de la parte presente en las últimas tres semanas. Esta vez estoy segura de que voy por buen camino, porque la  planificación ha sido muy rigurosa y me he ocupado con resultados satisfactorios de las incoherencias detectadas en correcciones anteriores.

Esta semana haré una nueva pausa para reflexionar y para atender otros asuntos del mundo no literario que necesitan mi atención. Eso servirá para asentar todo lo escrito, imprimir y decidir cómo continuar.

La semana siguiente me espera un viaje muy especial, por estar de algún modo relacionado con la novela. ¡Y no es Edimburgo! ;)

En la siguiente entrada, un adelanto. En los días que siguen seguramente postee algún fragmento de los que he escrito.

¡A seguir bien!

jueves, 21 de febrero de 2013

Temas complicados I

Hay temas que para mí han sido complicados de escribir. No se trata de miedo al qué dirán, sino de cuestiones cuyo tratamiento debe hacerse de forma cuidadosa por los colectivos a los que afectan o por los sentimientos que se tocan.

Hoy me centraré en la parte emocional.

A menudo es el miedo lo que frena la escritura. Miedo a saber. Miedo a descubrir el sufrimiento, en mi u otras personas cercanas. Miedo a abrir un capítulo, que las reflexiones traspasen las páginas y terminemos dándole vueltas a un asunto «desagradable» incluso después de dejar a parte el manuscrito.

La muerte y las enfermedades son este tipo de temas. Algunas las he descubierto en personas de mi entorno, otras a través de la curiosidad y la escritura. Las historias han sido un medio como otro cualquiera para reflexionar al respecto; muchas veces he terminado preguntándome cuál sería mi comportamiento en tal o cual situación. El cáncer, en particular el de mama, ha sido un fantasma cercano en mi entorno, pero no nos remitamos solo a él. Siempre ha llamado mi atención cómo cualquier enfermedad cambia la vida de un afectado y todas las personas de su entorno, las reacciones que arranca incluso cuando no conocemos a quienes la sufren. A veces, por mi carácter, me han acusado de insensible, pero veo y siento, aunque no sea particularmente amiga de la vulnerabilidad que nos producen ciertas emociones. He llorado en el funeral de alguien desconocido. He visto la frustración y tristeza de quienes han perdido un ser querido, o de quienes temen perderlo. He visto la esperanza, el miedo, el dolor. Otras veces, cuando la lanza ha apuntado en mi dirección, no he visto nada o no he querido verlo, pero de todo he aprendido.

Varias veces os he hablado de muros. Creo que uno de esos muros es el rechazo a la debilidad y el sufrimiento, y todos lo padecemos en mayor o menor medida. A través de uno de los personajes de El constructor de muros exploro este temor en particular.

Y ni siquiera en la ficción es fácil.

Como os digo, hay vida más allá de las páginas. Lecciones que extraer, vidas que vivir, personas reales que hoy enferman, luchan, se recuperan o mueren. Pensar en estos temas nos recuerda que no estamos aquí para siempre, por jóvenes que seamos. Con esto no quiero enviar un mensaje pesimista, sino un mensaje de aceptación. La muerte y la enfermedad son parte de la vida y debemos convivir con ellas, tratarlas como molinos y no como muros para «contener» el sufrimiento.

Intento mostrar las dos caras de la moneda en El constructor de muros, porque a fin de cuentas somos humanos y por mucho que el instinto nos indique que debemos ser optimistas perder el control es más fácil de lo que parece. También quiero reflejar que el apoyo puede llegar de la persona más insospechada, que la fortaleza no es solo cosa de «fuertes».

Ánimo a los constructores, no importa de qué. El viento acabará pasando.


miércoles, 6 de febrero de 2013

Escenarios: Edimburgo


«Para todo lo que escribo, un cuento o una novela, empiezo por el paisaje. Es el paisaje el que empuja el argumento».

Annie Poulux, autora de Brokeback Mountain


     «Tenía poco más de diez años cuando lo conocí.   
     »Aún puedo percibir el olor a tierra húmeda y el sonido de mis zapatos recorriendo el camino hasta su casa, la casa de los Ardwell. Decenas de viviendas georgianas poblaban ambos lados de la calle. Yo las contaba al ritmo de mis pisadas, hechizada por el color ahumado de los edificios».


Qué sencillo es escribir estas líneas contemplando la fotografía: las casas de piedra oscurecida, la vegetación verde, el asfalto mojado, la tierra húmeda de los jardines. Más aun cuando las imágenes evocan lo tranquilo de la escena, el silencio, la brisa removiendo las ramas de los árboles, el sonido de mis propios pasos. 

«[...]Clavé la mirada en el cielo escocés mientras mamá seguía parloteando y tirando de mí  con fuerza. Unas enormes nubes negras borboteaban allí arriba y la humedad me había encrespado los rizos. Escuché refunfuñar a mi hermana unos pasos más adelante. Maldito Edimburgo, decía, maldito y estúpido clima».


Resulta mucho, mucho más sencillo sintiendo la lluvia fina y la humedad en la propia piel, el cielo borboteante cubriéndolo todo. Más aún cuando estas líneas sientan la base del lugar en el que ocurrirán los hechos de la novela y el lector debe comprender cómo el entorno afecta a los personajes. 

«[...]Caminamos durante diez minutos, hasta detenernos junto a una casa algo más grande que el resto. En total conté tres pisos de piedra ahumada y cuatro enormes ventanales. El jardín frontal consistía en una pequeña alfombra de hierba bien recortada y varios arbustos. En cuanto cruzamos el estrecho camino de piedra que conducía a la puerta mamá llamó al timbre.  Melissa se sacudió los zapatos y volvió a arreglarse el pelo. Poco después un hombre vestido de pingüino nos abrió; entonces mamá apretó mi mano y me puse muy tiesa».


Y cuando algo parecido se alza ante los ojos del escritor... ¡Ah! Ahí sí que describir se convierte en una tarea fácil.



Tengo que ser sincera: escribí estas líneas mucho antes de tener la suerte de visitar Edimburgo. Utilizar en la historia un lugar en el que nunca se ha estado complica mucho las cosas, pero, ¿debería limitarme a hablar de mi ciudad, de mi barrio? A veces los lugares nos eligen a nosotros y yo ya lo he dicho más de una vez: siempre me ha gustado viajar. Si no puedo coger una avión, encuentro algún libro que me lleve. Y si ningún libro me parece atractivo, lo escribo y voy allí cuando quiero. 

Pasé, pues, mucho tiempo en Edimburgo antes de decidirme a coger un avión. El lugar tiene un significado especial en la historia, por lo que representa para los personajes y por la forma en que sus características influyen en ellos. Por eso cualquier cosa servía: un reportaje, vídeos de youtube, mapas, guías turísticas, google earth, preguntas a conocidos, foros, hasta consultas en varias páginas inmobiliarias. Mi viaje contribuyó a completar todo lo anterior con lugares nuevos, nombres propios, sonidos, olores y sensaciones. 

A pesar de la importancia que confiero a los escenarios mi postura no es tan extrema como la de Annie Poulux. El lugar no siempre lo es todo. En algunas historias basta con unas cuantas indicaciones sobre el escenario para orientar al lector. De todas formas pienso que quien escribe debe conocer todos los detalles y más adelante decidir si utilizarlos o no. No comportarse como un guía turístico en las descripciones, eso sí, pero facilitar aquellos datos que se requieran para la comprensión de la historia. Evidentemente para eso el autor necesita investigar. Se trata del conocido fenómeno del iceberg: solo un porcentaje insignificante de lo que sabemos acaba asomando a la superficie aunque sin la parte que se esconde bajo el agua nada se sostendría. 

¿Por qué Edimburgo? No lo sé con seguridad. Se trata de un lugar que siempre ha llamado mi atención y ya sabéis lo que hago con los lugares que me atraen: visitarlos o escribir sobre ellos. Esta ciudad se me ha resistido particularmente, por una razón u otra no surgía la oportunidad de visitarla, así que de alguna manera tuve que compensarlo mediante la escritura. El año pasado finamente tuve mi momento de pies de lápiz.

¿En qué os basáis vosotros para elegir los lugares en que transcurren vuestras historias? ¿Cómo obtenéis la información? ¿Le dais mucha importancia al escenario? ¿Os pasa lo que a Annie Poulux?

Y, que no se me olvide, ¿habéis visitado Edimburgo?

lunes, 27 de agosto de 2012

Presentación


Es curioso ver cómo otros escritores buscan fórmulas para resolver los problemas que van surgiendo durante la construcción de una novela. En las últimas semanas me he topado por casualidad con novelaenconstrucción.com, el diario que lleva Pérez Reverte y que combina reflexiones sobre la escritura con fragmentos de su nueva  novela, que si no me equivoco se publicará este año.

Su trabajo me ha inspirado. Es un privilegio conocer sus hábitos y técnicas, ver cómo actúa un autor con experiencia, cómo investiga, qué cosas tiene en cuenta. De ahí nace este proyecto, para tomar fuerzas y terminar mi propia novela. Son ya tantos los años que llevo con ella, en un momento vital lleno de cambios, que la pobre ha mutado tanto como lo he hecho yo. Alcanzada una cierta meseta de madurez presiento que es ahora o nunca, que los personajes, situaciones e historias que concebí en mi adolescencia necesitan ser llevados el papel antes de que otros pensamientos los aparten y se queden en el aire.

Sin embargo con el paso del tiempo me he vuelto más rigurosa, y lo que un día di por muy bueno ahora es objeto de críticas y correcciones constantes. Es por eso que pienso que me vendría bien compartir el proceso y volverlo un poco más organizado. Ni mucho menos imitar a Pérez Reverte, solo sacar a relucir las dudas, poner a prueba algunos fragmentos, ver cómo me sienta que otros lean pedacitos de la historia que tanto tiempo me ha estado acompañando y que hasta ahora no había compartido. Saber que, tal vez, otros esperan ver en mis inquietudes un reflejo de las suyas, y buscarles solución. Probar algo distinto, un proyecto que me ilusione y me ayude a poner un buen final a mi novela.
El constructor de muros,  así se llama por el momento.